Por qué MUSIMA
Durante años vi a gente de mi alrededor construir cosas sólidas sin que aquello saliera nunca de su círculo. MUSIMA nació de esa distancia, y del momento en que dejé de esperar a que se ocupara otra persona.
No voy a empezar con una cifra. Circulan bastantes ya, y de todas formas no fue una cifra lo que me llevó a montar esta asociación.
Dos maneras de hablar de nosotros, y las dos me cansan
La primera es el registro de la carencia. Se habla de los africanos cuando hay un problema que contar: lo que se hunde, lo que falta, lo que habría que «ayudar». Por bienintencionado que sea, siempre acaba en el mismo sitio: alguien a quien salvar.
La segunda pretende ser el remedio, y no vale mucho más. Los retratos impecables. Las trayectorias que suben en línea recta. Palabras como «inspirador» o «visionario» colocadas sobre gente a la que no conocemos. Brilla, circula bien en redes, y no le sirve a nadie. Porque no puedes hacer nada con una historia a la que le han quitado todas las partes difíciles.
Entre las dos está lo que veo cada día, que no es ni una cosa ni la otra.
Lo que veo
Gente que ha montado algo, aquí, sin que se sepa más allá de su barrio o de su familia. Una actividad que lleva seis años funcionando. Un proyecto lanzado entre dos personas, por la noche, después del trabajo. Un oficio construido despacio, a fuerza de volver a empezar.
Por separado, nada espectacular. Todo junto, enorme.
Y siempre lo mismo: cuando preguntaba cómo se las habían arreglado, la respuesta duraba una hora y valía por diez conferencias. Cómo encontrar al primer cliente. Qué haces cuando no tienes la nacionalidad, ni la red de contactos, ni la cuenta bancaria que tranquiliza. A quién le pides ayuda, y a quién no se la pides jamás.
Esa hora no la graba nadie. Se queda en una cocina, y ahí se acaba.
La distancia
Eso fue lo que me decidió. No una injusticia abstracta: una distancia muy concreta.
De un lado, gente que sabe cosas porque las ha hecho. Del otro, gente que necesitaría justamente esas cosas y que no las oirá nunca, porque no existe ningún sitio donde se digan.
Durante un tiempo esperé. Busqué quién organizaba algo así en Barcelona. Encontré redes profesionales, ferias, cosas muy dignas por lo demás, pero nada que se pareciera a lo que buscaba. Así que dejé de esperar.
Qué hace MUSIMA, en concreto
Invitamos a personas que ya han hecho algo. No a «talentos por descubrir» —esa palabra la descartamos a propósito, siempre coloca a quien habla por encima de aquel del que se habla—. Gente que hace, y que viene a contar cómo.
Les pedimos el detalle. El principio, el dinero, los errores, quién ayudó, quién no contestó. Y dejamos que la sala pregunte, incluidas las preguntas que no se atreve una a hacer en otros sitios.
Tres palabras resumen lo que buscamos: conectar, construir, impactar. Poner a la gente en la misma sala. Ayudar a levantar cosas que aguanten. Y conseguir que quede algo más allá de la propia tarde.
Qué no quiero que se convierta
Una red donde se viene a recoger contactos. Una plataforma que promete oportunidades que repartir: no tenemos nada que repartir, y quien viene no necesita que le prometamos nada.
Tampoco quiero un escaparate. Si alguien viene a contar que todo fue fácil, habremos fallado esa tarde.
Por qué Barcelona
Porque vivo aquí, y porque es aquí donde conozco a la gente. No es una declaración estratégica: es simplemente honesto.
Eso no quiere decir que se acabe aquí. Lo que se dice en Barcelona se dice también en Marsella, en Lisboa, en Duala, en Dakar. Cataluña es un punto de anclaje, no una frontera. Pero se empieza donde una tiene los pies.
Lo que viene
El primer encuentro es el sábado 26 de septiembre de 2026, a partir de las 17:00. Se llama «Lo que se construye aquí». Puedes venir sin conocer a nadie: de hecho, esa es un poco la idea.
Y si has montado algo y estás pensando que tu historia no tiene nada de excepcional: es exactamente el tipo de historia que queremos escuchar. Escríbenos.
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